A RITMO DE TU PALABRA

PAZ Y BIEN, hermano que nos visitas…

Te ofrecemos semanalmente nuestras sencillas reflexiones y oraciones para CRECER A RITMO DE LA PALABRA que el Señor nos regala cada Semana.

V DOMINGO DE PASCUA (C)

Tú pareces no darte cuenta de nuestros gestos torpes, de nuestras elecciones cuestionables. Tú nos pides entrar en la misma aventura arriesgada y exaltante que has querido vivir entre nosotros. Amén.

IV DOMINGO DE PASCUA (C)

Tú eres nuestro Pastor, Señor Jesús,
porque estás dispuesto a dar la vida,
IV DOMINGO DE PASCUA (C)
a hacer de todo para defendernos,
a entablar con el mal una lucha terrible y decisiva,
a costa de exponerte a peligros mortales,
a costa de afrontar sufrimientos terribles.
Tú eres nuestro Pastor, Señor Jesús,
porque nos amas con un amor desmesurado
y no puedas soportar que ni siquiera uno se pierda y arruine su vida. Amén.

III DOMINGO DE PASCUA (C)

Desde la tumba has Resucitado, y nosotros, cada domingo, lo recordamos porque tu Muerte y Resurrección salvan toda la Historia. Eres Tú Quien abre el Libro, que para nosotros es Misterio oscuro, desata sus sellos y enigmas, porque es Tu Victoria sobre la muerte y el rescate de nuestro pecado que has obrado, lo que permite captar en lo profundo  el sentido positivo de todas las cosas que suceden. Amén.

II DOMINGO DE PASCUA (C)

Ven, quédate con nosotros Señor, e incluso cuando encuentras cerrada la puerta de nuestro corazón por temor o cobardía, entra igualmente. Tu saludo de paz es un bálsamo que disuelve nuestros miedos; es un don que abre el camino a nuevos horizontes. Dilata los estrechos espacios de nuestro corazón. Fortalece nuestra frágil esperanza y danos ojos penetrantes para ver en tus heridas de amor las señales de tu gloriosa resurrección. A menudo nosotros también somos incrédulos, necesitados de tocar y de ver para poder creer y saber confiarnos. Haz que, iluminados por tu Espíritu, seamos contados entre los bienaventurados que, aunque no han visto, han creído. Amén.

DOMINGO DE PASCUA (C)

Te cantamos Aleluya con la voz y con el corazón. Te cantamos Aleluya en el dolor y en la tristeza, arriba lo cantaremos en la Alegría... Cantamos como cantan los peregrinos: Canto y camino. Ayúdame, Señor a caminar sin retroceder, sin perderme, sin detenerme. Canto y camino Contigo, Señor. Canto y camino con nuestros Hermanos, tuyos y míos, Señor Resucitado. Amén.

DOMINGO DE RAMOS (C)

Tú vienes en la mansedumbre, no con fuerza brutal, vienes para sanar, no para condenar, vienes para hacer misericordia, no para castigar. Los que te reconocen, los que te entienden, no pueden dejar de gritar su alegría, proclamar que eres tú el Mesías, el Enviado de Dios, enviado para consolar y devolver la esperanza. Su entusiasmo no gusta, molesta. Tú no los haces callar porque son la voz de los pobres, que pronto será detenida. Amén.

V DOMINGO Cuaresma (C)

Dame el valor, Señor,
de condenarme, antes de juzgar y condenar a los demás.
Haz que viva con la certeza de que si la oscuridad ha penetrado por todas partes
es también porque mi lámpara la he puesto debajo del celemín o he dejado que se apague. Por eso también yo soy responsable de los males que hay en el mundo. Amén.

IV DOMINGO Cuaresma (C)

Después de todo, yo también, ahora, hoy o mañana, soy como ellos. He entendido, Señor, que la noche se vence haciendo nacer el sol y no maldiciéndola. He entendido que más uno está lejos de Ti mas lo llevas en el corazón porque eres un Dios que, sin olvidar a las ovejas buenas, estás despierto esperando a las perdidas que se han ido lejos. También me digo a mí mismo que si hay tanto mal en el mundo quizás sea también culpa mía porque la mía es una bondad «meliflua», fundada en el egoísmo. Perdóname también a mí, Señor. Amén.

III DOMINGO Cuaresma (C)

El mundo nuevo nacerá sólo si yo renazco. El mañana de todos será mejor si yo hoy soy más real,  más justo, más bueno. Lléname, Señor, de tu Gracia para que esta Cuaresma permanezca en mi historia de persona como tiempo valiente de mi total conversión. Amén.

II DOMINGO Cuaresma (C)

También yo, como Pedro, busco los sueños de gloria o de evasión, en lugar de afrontar las dificultades del Calvario. Estoy tan lejos, como Pedro en el Tabor. Aún no he comprendido, o hago todo lo posible para no entender, que la fe no es un lugar para descansar, sino una navegación; no es un quedarse a mirar el Cielo, sino un dirigir los ojos al suelo para descubrir las señales de tu presencia donde gotea el llanto del hombre, hoy especialmente tan abundante también cerca de mi casa. Amén.

VIII DOMINGO T.O. (C)

Eres muy exigente, Señor, pero lo eres porque me amas de verdad y sabes que dentro de mí está tu Gracia que fecunda todos mis esfuerzos y produce frutos ni siquiera imaginados. Debo darte las gracias, Señor, porque he comprendido que me haces volar  hacia lo alto donde el cielo está más limpio, el horizonte es más vasto y el aliento es más vital. Amén.

VII DOMINGO T.O. (C)

Concédeme la fuerza, Señor, de ser no como todos, sino como Tú me quieres: No sembrador de muerte, sino constructor de vida; no buscador de mariposas, sino de preciosidades profundas. Haz, Señor, que sepa permanecer, en la oscura historia del mundo, como una estrella que nunca se cansa de iluminar porque quiere y ama anticipar la aurora de la civilización de la Paz y del Amor como matriz de una historia digna del mañana de la persona humana que has redimido. Amén.

VI DOMINGO T.O. (C)

Sé muy bien quiénes son los pobres: Todos los que no tienen nada que perder si este mundo cambia realmente, todos los que no cuentan… Y sé también quiénes son los que tienen hambre… Lo que Tú anuncias me asusta porque mi estilo de vida a menudo adormece mi corazón y yo ya no siento vergüenza por la comida que tiro a la basura, por la ropa que me sobra y que destino a los demás por mis gastos absurdos, por los caprichos cotidianos, por lo que robo fácilmente. Amén.

V DOMINGO T.O. (C)

Haz, Señor, que lo que soy, lo que tengo, y lo que conozco de Ti, no lo encierre en mí. Que se lo sepa contar… Haz que sepa ser un transmisor de tu Evangelio… ya que también me has llamado a transmitir la «Buena Noticia» del Reino que satisface plenamente las inquietudes del corazón humano, siempre anhelando superar la insignificancia del tiempo, para entrar en la dimensión de lo eterno que llena y satisface todo deseo más alto. Amén.

IV DOMINGO T.O. (C)

Hoy he comprendido, Señor, que existe un camino nuevo del Amor. Es el camino trazado por Ti, porque el tuyo es Amor que se da con desinterés, que no excluye a nadie, que no hace diferencias, que está en el vértice de todos los valores. Este es el Amor que quieres de mí vivido y realizado ya que es el único Amor virginal y limpio, que refleja el brillo del tuyo. Este es el Amor que me viste de eternidad, que me encanta de tu belleza, que me hace caminar por el camino seguro, que lleva a la cumbre de la perfección, que percibo con claridad como plena realización de mi ser hombre. Amén.

III DOMINGO T.O. (C)

Tú, el Mesías, ya has llegado y, por tanto, hoy la Palabra antigua se realiza para nosotros, que la acogemos con fe. Se realiza en nuestro corazón para que el Evangelio disipe las nubes del pesimismo y del cansancio y lleve la certeza de tu Amor. Se realiza en nuestras casas donde florecen espacios de diálogo y reconciliación, en los lugares de trabajo porque es posible escapar de la lógica de los escaladores, del beneficio a cualquier precio y tender la mano a quien es más débil… Tú eres el Mesías, ya has llegado. La palabra que ha llegado a nuestros oídos ahora, aquí, se ha hecho realidad.

II DOMINGO T.O. (C)

Estoy contigo como discípulo, hermano, amigo. Y me siento en esta mesa donde la presencia discreta de las mujeres y la atenta de María, tu Madre, da un tono de familia y de alegría. Sentado en tu mesa te miro con ojos y con corazón enamorado: Creo que te amo primero y en cambio no hago más que responder a tu Amor: Tú me amas primero; Tú te entregas sin reservas; Tú devuelves la alegría al amor. María, Mujer de Caná, mujer previsora, esposa y madre, icono de la conyugalidad, ayúdame a hacer lo que él me diga para que la vida, mi pequeña vida se convierta en vino nuevo para la alegría de quien quiere gustar la embriaguez de Su Amor.

EL BAUTISMO DE JESÚS (C)

El agua del Jordán ahora da paso al fuego del Espíritu, el Profeta cede el paso al Mesías, el precursor del Hijo de Dios.

En estos días hemos contemplado el misterio de gracia, tu encarnación. Ahora somos guiados sobre tus pasos de hombre adulto, para entender tu palabra, para recibir tus gestos, Buena Noticia que cambia nuestras vidas.

II DOMINGO DE NAVIDAD (C)

Hay una aventura que comienza, Jesús, para todos los que te acogen y deciden hacerte lugar en su existencia. Es una experiencia profunda: No logramos describirla porque no corresponde a los resultados provocados por nuestro compromiso, sino que es un acontecimiento de Gracia que apela a nuestra respuesta generosa. Cuando nos dejamos transformar por Ti, por tu Palabra, sentimos fluir en nosotros tu propia Vida.

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA (C)

Niño Dios, haz de cada familia una nueva Nazaret, para que cada hijo, como el Hijo de Nazaret, te encuentre en el calor de mi casa, donde fuerza y ternura, acogida y don, fe y esperanza sean los signos indelebles de Tu Presencia entre nosotros.

IV Domingo de Adviento (C)

Dios entró en sus existencias y las transformó radicalmente. Su amor cambió sus vidas y ellas lo acogieron con gratitud. s un encuentro de alegría, Jesús, porque ambas perciben que llevan en su seno a una criatura destinada a ser protagonista en un designio de gracia. Juan será el que te preceda, te anuncia e invita a todos a hacer sitio a Dios que está muy cerca. Y Tú eres el mismo Hijo de Dios: En Ti la misericordia de Dios se hace carne y se manifiesta en todas tus palabras y en todos tus gestos. El domingo nos sigues dando cita para un Encuentro de Alegría: A nosotros, tan diversos, nos pides que seamos testigos de Tu Amor. Nos pides que acojamos una Palabra de ternura y de luz y que nos sentemos a tu mesa para recibir tu Cuerpo. Lo que María e Isabel vislumbraron para nosotros se convierte en una realidad que hay que testimoniar. Amén .

III Domingo de Adviento (C)

Oh Dios nuestro Padre, que preparas Tus caminos alterando los nuestros, que nos ofreces esperanza en los días difíciles de nuestra historia; y ‘desordenas’ nuestra tranquilidad en los momentos de la falsa esperanza, danos quienes nos guíen a Ti para vivir hasta el fondo la santa inquietud que abre el corazón y la vida la que nos llega de tu Hijo. «Se alegrará, se alegrará, gritará de alegría por Ti, como en los días de fiesta». En las palabras del profeta, Dios baila de alegría por nosotros. Aparece un Dios feliz, cuyo grito de fiesta atraviesa este tiempo de adviento, y cada tiempo del ser humano, para repetirme a mí, a ti, a toda criatura: «Tú me haces feliz». Tú eres fiesta de Dios.

II Domingo de Adviento (C)

Yo sé que a pesar de mis pecados siempre estás Tú, Señor,
esperándome para abrazarme
y para cantar juntos la Aleluya de la Salvación,
prometida por Ti y realizada en mí por Ti.
Y es esta certeza la que da fuerza a mi camino
en la precariedad y en la fatiga de cada día.

I Domingo de Adviento (C)

Prefiero, Señor, mirar al momento presente,
porque es el único que está en mis manos para usarlo y adornarlo.

Cada momento nace de un tiempo nuevo, original y único, que se llena de esperanzas.
Cada momento es un paso adelante, que acerca el tiempo de la cosecha de los frutos.
Cada momento es el advenimiento de lo que antes era lejano, y como tal, llama al despertar y a la sorpresa,
porque Tú, Señor, no eres el que fue, sino EL QUE HOY VIENE, como primicia de libertad, a llamarme para comenzar un camino hacia una luz que dispersa toda nube que quiere entrar en el corazón. Amén.

XXXIV (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Eres Tú, Jesús, el Señor de la Historia, Tú quien la conduce y la guía hacia su cumplimiento.

Y, por tanto, mi existencia y la de toda la Humanidad está en Buenas Manos, confiada a Ti para realizar Tu Designio de Amor.

Concédeme mantener la calma en medio de las tempestades y leer también los cambios con tu mirada, límpida y profunda. Amén.

XXXIII (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Eres Tú, Jesús, el Señor de la Historia, Tú quien la conduce y la guía hacia su cumplimiento.

Y, por tanto, mi existencia y la de toda la Humanidad está en Buenas Manos, confiada a Ti para realizar Tu Designio de Amor.

Concédeme mantener la calma en medio de las tempestades y leer también los cambios con tu mirada, límpida y profunda. Amén.

XXXII (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Esta viuda es figura del verdadero discípulo que reconoce el Señorío de Dios sobre los propios Bienes y sobre la propia vida. Sabe que pertenece a Dios y vive para Él, le da todo lo que es y posee.

Si Jesús hoy se sentara a mirar el escenario de tu vida, ¿dónde te encontraría? ¿Entre los ricos señores, que dan solo de lo que les sobra, o en la situación de esta pobre viuda?

«¡No importa cuánto se da, sino cuánto Amor se pone en lo que se da!» (Sta. Teresa de Calcuta)

XXXI (B) Domingo de Tiempo Ordinario

¿Cómo podremos no amarte? Y si te amamos, ¿cómo podremos no amar a todos nuestros hermanos que son «tu imagen y semejanza»? Nos has llamado, Señor, a rodear al mundo con el lienzo del amor. Ayúdanos a despertar al mundo, que duerme su noche de odio y violencia, con el canto fresco del amor que está en nosotros vida y trabajo, oración y poesía, lucha y contemplación, horizonte y frontera de cada día…

XXX (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Gritó, Bartimèo, con toda su voz. Siguió haciéndolo incluso cuando querían reducirlo al silencio. Te gritó su fe, invocó tu misericordia, te pidió que te detuvieras, que le arrebataras su condición de ciego, de mendigo. ¿Por qué, Jesús, no tengo yo también el valor de gritarte mi deseo de ser curado, sanado, de poder ver finalmente la luz?

Concédeme, pues, la misma valentía de Bartimèo, concédeme su obstinación en pedirte que intervengas; pero también la determinación con que él abandona todo para saltar y venir a Ti. Dame la confianza de Bartimeo, que no se rinde al primer obstáculo, dame su franqueza para pedirte que le saques del dominio de las tinieblas y ser entregado de nuevo a la luz.

Y dame también la alegría de poder seguirte, sin incertidumbres, por el camino que lleva a Jerusalén. Amén

XXIX (B) Domingo de Tiempo Ordinario

¿Querrías llevarme a donde hay gente que llora, donde está el hombre sin pan, donde está el niño abandonado, donde está el chico o la chica que se droga, donde está el hombre que es diferente de mí, colocándome en el lugar del Amor?

No tuve valor porque también soy alguien que ama la vida fácil y sin aguijones. Y ahora me siento en pecado, con el corazón dolorido, hasta el punto de avergonzarme de llamarme cristiano e incluso de pensar en mí mismo como ser humano. ¿Serás, Señor, tan Bueno que me perdonarás, ya que siento el deseo de cambiar de idea y aceptar tu propuesta? Amén.

XXVIII (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Voy Contigo y me subo a tu barca y me rindo al soplo de tu Gracia.

Voy Contigo por las calles del mundo …

Voy Contigo, con el vestido de entre semana de mi trabajo, con el corazón abierto …

Voy Contigo, Testigo de Amor…

Vengo Contigo, como Testigo de la Vida que vence …

No lo pienso dos veces

No me vuelvo para mirar atrás. …

Dejo lo que tengo y lo que soy para ir Contigo,

Dios del presente y del futuro, por los caminos de la vida

que has trazado para la gran caravana de los libres hijos de Dios,

dentro de la cual quiero vivir para alcanzar la cima más alta

de mi estatura interior por la que me has llamado. Amén.

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XXVII (B) Domingo de Tiempo Ordinario

Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre el Misterio del Amor y de la Comunión que Dios comunica como fundamento de nuestra vida.

Este Misterio tiene su origen en Dios mismo y constituye el ideal para orientar nuestras vidas, aun en medio de dificultades y contradicciones. Situación humana típica de esta comunión personal es el vínculo entre hombre y mujer en el matrimonio, que Dios quiso como signo del Amor mismo del Creador.

XXVI (B) Domingo de Tiempo Ordinario

La tentación de monopolizar a Dios y medirlo según nuestros pensamientos y objetivos, es siempre fuerte, incluso en los creyentes.

Dios, sin embargo, manifiesta Su Amor de manera completamente libre. El Camino y la Verdad que ha mostrado en Jesús es una invitación seria a revisar continuamente nuestros esquemas religiosos. Y, sobre todo, a no juzgar, sino a trabajar para que a todos los pueblos de la Tierra se anuncien las Maravillas de Su Amor.


XXV (B) Domingo de Tiempo Ordinario

El camino hacia Jerusalén, lugar de muerte antes de ser lugar de Resurrección, es una buena ocasión para comenzar. Jesús nos exhorta a recorrer el camino que nadie quiere recorrer, porque es cuesta arriba, y está lleno de dificultades. No podemos renunciar o seguir siendo simples espectadores de lo que Él se dispone a vivir con profunda intensidad.


XXIV (B) Domingo de Tiempo Ordinario

‘Todo, enseguida y fácilmente’ es el cómodo programa que deseamos poder realizar en la vida. Son palabras que acarician el oído y engullen el espíritu… pero que, en una comprobación elemental, se revelan como un montón de palabras sin sentido. Sin embargo, siguen fascinando, creando multitud de ilusiones…